La trampa del tetrabrik, un plástico disfrazado
de cartón
Los envases de brik están
compuestos por un 70% de cartón, un 5% de aluminio y un 20% de polietileno, lo
que dificulta el reciclaje. Desde las organizaciones ecologistas reclaman un
sistema de recipientes de retorno que disminuya la contaminación de plásticos a
los mares.
MADRID
ALEJANDRO TENA
El
plástico es uno de los elementos más contaminantes de la biosfera, entre otras
cosas, por su difícil reciclaje. Pese a ello, es difícil encontrar productos en
el mercado que no estén fabricados a base de este componente artificial.
Desde pantalones
y camisas hechos de poliéster,
hasta botellas, platos y utensilios de higiene íntima como compresas o
pañales. Todos se nutren de este componente artificial que suele terminar
en las aguas del mar, en tanto que se calcula que en 2050 habrá
más plásticos en los océanos que peces, según las estimaciones de la
Fundación Ellen MacArthur.
Con
la intención de tratar de evitar un escenario catastrófico para el
planeta, los organismos europeos han comenzado a legislar para
restringir el consumo de plásticos de un sólo uso. Sin embargo, dentro de este incipiente espíritu
ecologista han aparecido alternativas como el tetrabrik, que, aunque siempre ha
estado en los mercados, se presenta como una opción aparentemente menos dañina
para el medio ambiente. En virtud de ello, empresas como Cabify han decidido
cambiar la botella de agua que ofrecía a sus clientes por un pequeño briks
similares al de los famosos zumos de frutas. Pero, ¿son sostenibles estos envases?
La
respuesta de los expertos es tajante: no. Y es que los
recipientes de tetrabrick tienen una composición problemática que va más allá
de su apariencia acartonada. En cifras estimadas, estos envases se nutren
de un 75% de cartón, un 5% de aluminio y un 20% de polietileno. Esta
"multimaterialidad" hace difícil, si no imposible, que se reciclen
todos los envases del mercado, ya que "hay que separar los tres
materiales" para que el proceso sea sostenible, explica a Público Alodia Pérez, responsable de recursos
naturales y residuos de Amigos de la Tierra.
Para que un brik de leche sea reciclado de
una forma idónea se requiere de un proceso específico que no está disponible en
ninguna planta de España. Para separar los componentes, es necesario calentar
los objetos a unas temperaturas de cerca de 500 grados en unas piscinas de
agua. Esto permite que las láminas de polietileno –que es un tipo de plástico–
se separen del aluminio y puedan ser fundidas para transformarse en gas. El
aluminio, por su parte, volvería a ser reutilizado.
"La
mayoría de acciones que se llevan a cabo se limitan a incinerar los
tetrabriks"
"El problema es que la separación de
materiales compuestos es muy difícil y la mayoría de acciones que se llevan a
cabo se limitan a incinerar los tetrabriks", explica a este diario el
coordinador del área de Residuos de Ecologistas en Acción, Carlos Arribas, que
incide en los problemas de emisiones que hay tras la quema de recipientes.
Por ello, desde los grupos ecologistas del
país no terminan de entender que se empiece a apostar por un material de estas
características, del que se sabe desde hace tiempo sus cualidades nocivas.
"No
es ninguna solución, ni ninguna alternativa", denuncia Julio Barea, responsable de Consumo
Ecológico de Greenpeace, quien señala que las empresas se están aprovechando de
que "el común de los mortales no sabe que el brik también es
plástico". En ese sentido, la apariencia de estos envases suelen engañar
al público debido a su aspecto y a su tacto, que se presta moldeable como una
cartulina de papel.
¿Son recipientes tóxicos?
Si
por algo se ha reclamado el fin del embotellado es por las repercusiones sanitarias
que este tiene para los consumidores. Los estudios e informescientíficos llevan años tratando de concienciar
sobre cómo el contacto del plástico con líquidos
como el agua o la leche puede terminar contaminando el
producto. Esto es algo que también se puede dar en
los recipientes de tetrabrik, en tanto que la capa de polietileno del interior
está compuesta por plásticos que podrían terminar mezclados con las sustancias
que recogen.
En
cualquier caso, desde Ecologistas en Acción advierten que al ser un objeto
opaco, la contaminación siempre será menor a la de una botella transparente, ya
que el plástico no recibirá la radiación directa de la luz solar. "No
tenemos datos directos, pero es muy posible. Todo lo que está envuelto en estos
materiales puede contener restos de microplásticos", añade Barea.
Hacia un sistema de retorno
"Desde
hace tiempo reclamamos que los envases sean monomateriales", comenta Pérez. El repentino respaldo que algunas
empresas están dando al brik es casi una opción peor que el uso de botellas
compuestas únicamente por plásticos. Por ello las tendencias que apuestan por
recipientes compuestos por varios materiales se están convirtiendo en un
retroceso con el medio ambiente. "Estamos complicando la historia y las
posibilidades de reciclaje cada vez más", apostillan desde Ecologistas en
Acción.
"Estamos
complicando las posibilidades de reciclaje cada vez más"
La
experta de Amigos de la Tierra apunta a la falta de fuerza de los mandatos que
se están dando desde Europa, en tanto que la última directiva que limita el uso
de plásticos no hace apenas mención a los recipientes como los tetrabriks, por
lo que hay riesgos de que cada vez tengan más
protagonismo en los mercados. No obstante, existen alternativas que
están siendo evaluadas desde Europa que abren la puerta a la adopción de un
sistema de consumo y retorno de envases.
Se trata de un sistema que ya está
presente en el sector de la repostería y que en algunas ciudades de Europa como
Berlín tiene un peso notable. El modelo se sustenta en la reutilización de los
materiales, casi siempre vidrios y cristales. De esta forma, en el precio de
una botella de agua se incluiría un depósito que sería devuelto al ciudadano
cuando éste retornase el envase una vez consumido.
La
adopción de un sistema de retorno podría favorecer "la disminución de los
residuos en el medio urbano y en el medio natural porque la gente dejaría de
ver los briks y las botellas como basura y las verían como dinero",
detalla Arribas. El experto, sin embargo, pone en el foco la importancia de los
intereses de las empresas de envasado para frenar el tránsito hacia un
escenario donde los recipientes reutilizables puedan ser mayoritarios. "Lo quieren retrasar al máximo, pero tarde o temprano habrá
cambios", zanja.

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